Carrizo y Corrales, aprendices de moda (31/12/05)

Compañeros al formarse como jockeys, hoy responden con éxito al beneficio del descargo

Carrizo (izq.) y Corrales, en una sana pulseada por superarse. Foto: Carlos Lares

Pablo Carrizo y Francisco Corrales comparten mucho más que ser los aprendices de moda. Sus vidas transitaron por caminos similares antes de ingresar a la Escuela de Aprendices del hipódromo del Jockey Club, desde donde saltaron al turf grande, hasta ser hoy rivales principalmente en las pistas de Palermo y San Isidro.

"La noche anterior al debut ni dormí. Además, corría tarde, pero en la primera carrera ya estaba acá", recuerda Pablo, minutos después de sumar un nuevo triunfo en la pista de césped. El egresó hace ya un año. Francisco, que compitió en la misma prueba, comienza a quitarse la chaquetilla y reconoce que vivió una situación muy parecida. "La diferencia es que yo corrí en la primera", señala quien lleva casi seis meses en la actividad oficialmente.

Ambos llevan el turf en la sangre desde que gateaban y no tardaron en convencerse de que lo que más les gustaba era montar caballos. Relata Carrizo, de 19 años: "A los catorce ya corría cuadreras en Paraná, Santa Fe, Córdoba... Y me vine para Buenos Aires porque me convenció [Waldir] Zancanaro, que me vio cuando fui a correr una polla para cuartos de milla en Corrientes".

Corrales, de 18 años, también se inició en el interior del país, pero luego fue dueño de su propio destino. "Mi familia no quería que viniera para acá, pero lo hice igual y empecé a trabajar en Palermo. Cuando había carreras extraoficiales en algún hipódromo iba, me presentaba y corría. Siempre estaba solo. Así me hice conocer", menciona el menor de los aprendices.

Aquellas experiencias sirvieron, pero el paso por la escuela resultó indispensable para ambos. "Queríamos aprender y lo que nos enseñaban nos servía todo. Hoy seguimos buscando a los profesores [Víctor Sabín y Héctor Libré] o hablando con los compañeros ante cualquier duda", sostienen casi al mismo tiempo. Y enseguida Carrizo sonríe y se confiesa: "Creía que eran más fáciles las carreras. Yo estaba acostumbrado a largar y darle para adelante hasta donde el caballo llegara. Cuando vine acá era distinto: corren más caballos y al principio ya con sólo ver el codo me mareaba".

Los dos ya superaron las 60 victorias oficiales y descargan tres kilos. Es un primer paso dentro de sus planes. Claro que entre ellos no sólo pueden observarse similitudes. "Quiero tener continuidad en montas y triunfos, y ser uno de los jockeys que más ganan en la Argentina", menciona Pablo, el más suelto a la hora de hablar. Francisco es más callado. Puede ser que prefiera los hechos antes que las palabras, pero antes de ir por otro éxito asegura: "No quiero triunfar sólo acá. Me gustaría correr afuera, por ejemplo en los Estados Unidos, y conocer otro estilo y otra gente".

Carrizo y Corrales son dos de los valores más destacados que surgieron de la escuela desde su reapertura, el año pasado. A caballo de mucho esfuerzo y trabajo, más la montaña de victorias siempre tan necesaria, se van haciendo un lugar. No es poco si se trata de construir los cimientos para sus sueños.

Por Carlos Delfino
De la Redacción de LA NACION
 

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