Francisco Corrales: El jockey más joven del grupo (Pellegrini 2006) (15/12/06)

A los 19 años, Francisco Corrales debutará en la carrera más importante del país montando a Emotion Parade

A Corrales la oportunidad le llegó rápido. Foto: Carlos LaresFrancisco Corrales no soñaba correr el Gran Premio Carlos Pellegrini el mismo año que dejó de ser aprendiz y a sólo dieciocho meses de su debut. "Era una meta llegar, pero nunca creí que sería tan pronto. Y, encima, a uno de los favoritos", confiesa. Tampoco pasaba por su cabeza cuando la hundía en la almohada cada noche que un mediodía, mientras trotaba alrededor del hipódromo de San Isidro, iba a recibir el llamado de Miguel García para conducir pasado mañana a la potranca Emotion Parade en esa carrera.

"Me sorprendió porque no es un entrenador al que le corra. Me preguntó si tenía monta y le contesté que no. Entonces me dijo que, aunque no había hablado todavía con el dueño, la iba a correr yo. Enseguida le dije que iría a trabajarla las veces que fuera necesario", recuerda el jinete, de 19 años, el más joven de los profesionales que estarán en el gran premio.

A poco más de dos semanas de aquella charla, Francisco montó varias veces a la hija de Cronaxia e, incluso, intercambió unas palabras con Edwin Talaverano, su piloto habitual, que no puede correrla por estar accidentado. Razones de peso incidieron en la decisión, pues la yegua irá de 52 kilos.

Corrales vive en San Isidro, pero se crío en la ciudad bonaerense de Colón. Ahí está toda su familia y desde allí se movilizarán para verlo. Será una excepción por la trascendencia de la prueba, ya que habitualmente lo siguen por televisión.

"Van a la agencia, que está llena de cuadros y fotos mías. Algo muy lindo", apunta, sin perder siquiera una pestaña de humildad. Se le pregunta si tiene hinchada y se limita a ensayar una sonrisa.

Todo parece ir pasando muy rápido para él. En diez meses se hizo jockey. Unos días después se convirtió en monta oficial del stud La Providencia y no perdió el ritmo de competencia al quemar una etapa. "Al tener un respaldo, uno está más confiado y las cosas salen mejor", sostiene quien los miércoles se traslada al haras Santa María de Araras para aprontar caballos de Agustín Pavlovsky.

Su caso es bastante especial, por cierto. Tanto como saber que no espera una victoria en el Pellegrini para concretar un anhelo material. "El premio es lo último que miro. Nunca me puse a sacar cuentas. Me gusta disfrutar de los triunfos más allá de la plata", explica, y pronto detalla: "Mi prioridad era tener una casita y ya la tengo, pero antes tuve que comprarme un auto. Corría todos los días y lo necesitaba para ir de un hipódromo a otro".

Haber concretado esas metas siendo tan joven desnuda que dentro y fuera de las pistas tiene la misma conducta. También la necesita para mantenerse al margen de lo que viene. "Trato de pensar poco en la carrera los días previos. Espero hacerlo sólo cuando salga a correrla el sábado", dice Corrales. Para entonces ya será protagonista de su sueño.

Por Carlos Delfino
De la Redacción de LA NACION
 

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