Grandes Jockeys VI: Sir Gordon Richards (1904-1988)

Ahora comenzamos la serie de grandes jockeys del sXX, con Gordon Richards.
"Las grandes cosas pueden venir en formatos pequeños"

Por Miguel Almanza

El menudo Gordon Richards, en sus años de juventud


Sir Gordon Richards (1904-1988) es el mayor exponente dentro de los jockeys ingleses, llegando a obtener un titulo de nobleza (el de caballero; Sir, en inglés) otorgado por la corona británica en reconocimiento a su trayectoria. A través de 26 estadísticas formidables, 4870 triunfos, y muchos de los clásicos más importantes de la isla, este pequeño jinete de 1.50m pudo superar en concepto al mismo Fred Archer, o incluso, al futuro campeón inglés Lester Piggot, con quien comparte la dominancia en el sXX del turf británico. Piggot, que ganó 11 estadísticas, queda no obstante eclipsado por los logros de Richards.

Como muchos jockeys, Richards provino de una familia humilde. Su padre era un minero que criaba ponies de trabajo en su casa, en Shropshire. A los 7 años, Gordon trabajó conduciendo estos ponies para el transporte de pasajeros, en lo que era una empresa familiar. A los 15 años, en 1919, se inició como peon en el stud Fox Hollies de Jimmi White. Debutó a principios de 1921, y poco después, en marzo de ese año, ganó su primera carrera, en el hipódromo de Leicester.

Para 1925 su figura se acrecentaba y es así que gana en esa temporada su primera estadística, con 118 triunfos. La vida le jugó una mala pasada en los inicios de 1926, cuando contrajo tuberculosis; esto lo mantuvo alejado de las pistas por un tiempo, cortándole aquel presente profesional prominente. Tras un largo período de convalescencia, Richards volvió a empuñar la fusta en 1927, retomando sus habituales visitas al círculo de ganadores, y llegando arriba de la estadística por segunda vez, con 164 victorias. En 1933 logró el récord nacional de carreras ganadas en un año: 259. Sólo un jockey de obstáculos con formidable talento, Tony McCoy, podría superar aquella marca en el año 2002.

En 1953, a los 49 años, Gordon Richards obtuvo su tan ansiado primer Derby de Epson con Pinza, tras años de intentos fallidos. La ovación fue inmensa para con su ídolo y la Reina fue a felicitarlo personalmente, a pesar de que acababa de perder con su caballo Aureole en esa carrera. Posterior a este logro, la Reina condecoró al jockey con el título de caballero, algo sin precedentes en la historia del turf y que aún no ha podido ser emulado por ningún otro jinete. A pesar de su actualidad brillante, un accidente que le dejó una importante lesión en la pelvis marcó el fin de los días como jockey de Gordon Ricahrds, durante el transcurso de 1954. Sin embargo, el hombre siguó relacionado al turf como entrenador y anunciante en las carreras.

Richards era dueño de un estilo de montar muy característico, pero no elogiable. Sin embargo, los caballos corrían con él. No era un jinete que se apilara mucho, dejaba las riendas largas, y además estribaba bastante largo, lo que comenzó a desentonar hacia principios de los '50s en Inglaterra. Para llamar a correr a su piloteado, hacía unos típicos movimientos con las manos, como si manejara un coche a caballos. Muchos dicen que adquirió estas maneras cuando trabajaba de chico con los ponies de su padre. Pero a pesar de aquel estilo poco convencional, su físico tan menudo no le daba muchos problemas de aerodinamia.

A lo largo de sus 4870 carreras y 26 estadísticas, ganaría tres 1000 Guineas, tres 2000 Guineas, 2 Oaks, 5 St Leger, y un sólo Derby de Epsom, que pese a haber participado 28 veces en él.


Idolo nacional

La pasión por el turf en los años de Richards era un fenómeno mundial; en Inglaterra, USA, o también en la Argentina, compartía la primera plana de los diarios como un deporte predilecto junto a algún otro. A donde iba Gordon Richards, la gente se le acercaba a pedirle autógrafos. Eddie Arcaro fue una celebridad homologable con Richards, pero en los Estados Unidos. En una ocasión, una mala actitud de Arcaro contra un aprendíz en una carrera, llevó a las autoridades del hipódromo a suspenderlo de por vida. Sin embargo, el turf y el beisbol eran los deportes más importantes del país en aquel momento, y sin Arcaro en las pistas, el turf se quearía sin su gran estrella. La presión fue tal, que se levantó la suspensión poco después.
 

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