Corrales pasó un examen de carácter (10/11/08)

El jockey ganó su carrera más importante el viernes pasado, luego de afrontar más de un año complicado

Por Carlos Delfino
De la Redacción de LA NACION

La alegría del jinete, tras obtener su primer Grupo 1, con Ollagua. Foto: Carlos Lares

Francisco Corrales necesitaba una victoria como la que consiguió el viernes pasado en el Gran Premio Enrique Acebal, con Ollagua, en San Isidro. Más que por tratarse de su primer éxito en una prueba de Grupo 1, para ponerse en carrera.

"Estoy corriendo poco. Se juntaron muchas cosas por las que no la pasé bien en el último tiempo. Y ahora tuve una potranca que me ayudó a demostrar que puedo competir de igual a igual con el grupo de jockeys que tiene más oportunidades", sostiene el jinete, de 21 años, egresado de la escuela de aprendices del hipódromo del Jockey Club en 2005.

"Primero se golpeó Lorena [Torres], con la que estábamos conviviendo. Después me chocaron el auto, quedó destruido y el seguro no me lo pagó. Además, me quebré la pierna al golpearme en las gateras con una yegua que ligué en el hipódromo y estuve dos meses sin correr. Estaba montándole al stud La Providencia y los caballos de José [Alves] se los dieron a [Diego] Peña...", enumera enseguida, antes de preguntarle cuáles fueron los contratiempos que encontró en su camino.

La vida le tomó un examen de carácter a este chico que vive solo en San Isidro, lejos de la casa familiar ubicada en la localidad bonaerense de Colón. Su novia estuvo en coma durante un año, tras la rodada del 18 de julio de 2007, y la evolución es lenta, demanda (mucho más) tiempo y paciencia. La fractura de tibia y peroné lo obligó a estar los primeros 30 días con movilidad reducida. "El juicio con el seguro lo paramos porque si no arruinaba a una familia. El que me chocó no tenía seguro ni ningún bien. Iba a ir preso", agrega sobre el otro conflicto.

Con el paso de los meses pudo volver a comprarse otro auto, un compañero vital para poder cumplir con su trabajo. "Mientras tanto me había prestado mi papá el que le regalé cuando era aprendiz. Es que monto en San Isidro, en Palermo, voy a La Plata y todos los miércoles viajo a Capitán Sarmiento, donde Agustín Pavlovsky me espera en el haras con los caballos a los que hay que darles pasada y los productos que ensayan más fuerte", revela, y pone énfasis en la relación con el preparador: "Su apoyo es importantísimo y le estoy agradecido porque siempre me bancó. Cuando volví a correr me costó mucho recuperar un lugar porque hay muchos jockeys buenos y contratados".

A la victoria con Ollagua, una de las potrancas que marcaron el regreso de José Alves a La Providencia este año, le siguió otro festejo anteayer en Palermo. Las felicitaciones eran por duplicado tras esa carrera. "Yo no aflojo. Estoy para montarle al que me lo pida. Si te enojás porque no te dan los caballos que aprontás sólo ganás que no te consideren más y hay que aprovechar las oportunidades", sentencia.

El padre y la posta
Corrales heredó la pasión de su padre, Felipe, que fue jockey y hace años "se las ingenia para entrenar tres o cuatro caballos en Colón, al lado de la ruta", confiesa Francisco, y aporta un detalle: "Cuando debuté en Venado Tuerto, fue con una yegua que él tenía que correr y me la dio. Desde ese día optó por no correr más".

Fuente: Diario La Nación
 

© Escuela de Jockeys Aprendices del Jockey Club Argentino Hipódromo de San Isidro .