El jockey le ganó la carrera al médico (28/09/09)

Eduardo Halier se graduó el miércoles pasado, a siete meses de su debut en las pistas; había llegado desde Formosa para estudiar medicina

Por Simón Mitagstein
De la Redacción de LA NACION

Eduardo Halier Foto: Carlos Lares

Al pueblo lo llaman Portón Negro y es sólo un puntito en la geografía de Formosa. Desde allí partió Eduardo Halier en busca de una mejor vida que la que tenía allá, en el campo. El destino fue Buenos Aires, la cosmopolita, una ciudad que da posibilidades concretas, pero que también muchos no resisten y de la que se ven obligados a regresar con la cabeza gacha.

No fue el caso de Eduardo. Con sólo un bolso, alguna ropa y el título secundario todavía fresco, emprendió la aventura. Quería estudiar y su sueño era ser médico; tal vez farmacéutico. El destino le tenía preparados otros planes.

"Cuando llegué a Buenos Aires todo fue difícil. No es sencillo para un chico y menos para mí, que venía de un pueblito, pero lo hice." Las palabras suenan orgullosas, sabe que ganó la batalla.

Estudiaba informática y trabajaba en una verdulería, propiedad de unos parientes, cuando una fugaz visita al hipódromo le marcaría el camino. Hoy, a los 21 años, no es ni médico ni farmacéutico, sino jockey.

"Empecé de cero. No sabía nada de caballos, pero un amigo me dijo que tenía el físico ideal y me embaló para que lo intentara", asegura. Por una recomendación, recaló en el stud del brasileño José Alves, quien a partir de ese momento pasó a ser su tutor. Halier recuerda esos primeros tiempos. "Le debo mucho a José. Me ayudó y también me enseñó lo básico. Me prestaba un caballo de andar y yo salía mañana y tarde a hacer trote para fortalecer las piernas."

Al tiempo ingresó en la Escuela de Aprendices del Jockey Club, esa que dirige Héctor Libre y que tan buenos resultados está teniendo en la formación de nuevos jinetes.

"Siguiendo los consejos del maestro, y cuando ya estaba habilitado para correr, anduve por todos lados: Azul, Tandil, Córdoba, Entre Ríos y donde se diera la posibilidad de competir", comenta sobre sus primeros pasos en la profesión.

En febrero pasado recibió la autorización y salió a competir en Palermo, La Plata y San Isidro e iniciar una carrera que lo llevaría, en sólo siete meses, a conseguir las 120 victorias exigidas para graduarse. Eso sucedió el miércoles último, cuando cruzó adelante con Sorbo Frío, un caballo que le ofrecieron en el hipódromo.

El ahora profesional sabe que las cosas no serán tan sencillas. Es conocido que una vez graduados y sin descargos a los ex aprendices se los olvida rápido. "Sé muy bien que es así, pero yo estoy dispuesto a trabajar mucho; además confío en mis condiciones." Suena segura la voz del formoseño. Cumplido el objetivo, pronto se fijó otro mucho más exigente.

"Me gustaría poder viajar a Estados Unidos, es una hípica que sigo siempre y me encanta; además, viajando se aprende y yo quiero aprender." Ya tuvo un ofrecimiento, pero lo rechazó. El mismo explica: "Antes quiero hacerme de un lugar acá, ganar muchas carreras para poder llegar allá con un nombre".

Sin duda, Eduardo Halier es un joven con inquietudes y que demuestra en la charla una madurez llamativa, no habitual en este ambiente, propenso al éxito fácil y a las ganancias rápidas.

"Cuido mucho lo que gano. Sé que esta profesión te da mucho, pero también es muy dura y en cualquier momento te quita. Ya me compré una casa en mi pueblo y ando buscando otra por acá." El automóvil todavía no figura en sus prioridades. "Ando en bicicleta", comenta. Toda una definición .

A partir de ahora todo será distinto. Ya no será el aprendiz de moda, ese al que buscan todos los entrenadores. Deberá encontrar su lugar en el mundo de las carreras, cosa que no será sencilla. Nadie estará dispuesto a ceder su lugar y la competencia será dura, muy dura.

Fuente: Diario La Nación (CanchaLlena.com)
 

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