Carapálida (1954, ARG), un crack de los años '50s y gran padrillo argentino

Fue probablemente el mejor caballo que defendió los colores del Stud-Haras Malal Hue, de Don José Alfredo Martínez de Hoz y sus hijos

Carapálida fue la primera gran estrella del Haras Malal Hué luego de la escisión del célebre Chapadmalal en el citado Malal Hué y Comalal. Era hijo de Claro (Colombo - Clovelly, por Mahmoud), padrillo que servía en el Haras Don Santiago, e India (Parlanchín - Indian Legend, por Rustom Pasha).

Si bien la separación oficial del gran haras sucedió el 31 de diciembre de 1958 -cerca del final de la campaña del caballo-, ésta venía gestandose desde el año 1950 y ambos grupos familiares estaban realizando tareas independientes de cría. La cruza había sido planeada por Don José Alfredo, pero el responsable de la reservación fue su hijo Juan Miguel, quien insistió con quedarse con el potrillo a pesar de que éste boleaba hacia afuera notoriamente la mano derecha, por un defecto en la rodilla. La reservación de machos no se solía practicar, ya que no hacerlo en la política de venta era-a diferencia de nuestros días- casi una obligación "por principio" de muchos haras. Pero existían excepciones necesarias, como por ejemplo, la producción de nuevos padrillos, destino que le depararía al Carapálida. Y además, ver correr con los colores propios a un caballo fruto de la unión tan deseada de Claro e India, y al que además le notaba una clase especial, entusiasmó de sobremanera al joven experto Juan Miguel.

Carapálida ingresó en julio de 1956 al stud del gran entrenador Juan Lapistoy, con recién cumplidos los dos años "legales" de edad. Siendo entonces un ejemplar chico y apotrillado, no tuvo buenas críticas por parte de la gente de la caballeriza. Pero con el correr del tiempo, luego de la doma y de los primeros entrenamientos, el concepto sobre el caballo fue cambiando de negativo a francamente positivo, de modo que para enero del año siguiente, 1957, se inició el proceso de puesta a punto con vistas al clásico Iniciación. Pero una pequeña manquera sumada a una extendida huelga de vareadores hizo que su permanencia en el box finalmente fuera por 20 días, debiendo pasar por alto el compromiso. Luego de la espera, el potrillo pronto estuvo listo para ver competir, teniendo garantizada la conducción al brillante jinete Pedro "Pelusa" Artigas, uno de los grandes valores de la época, rival del legendario jockey Irineo Leguisamo, y que era parte del equipo del entrenador Lapistoy.

Carapálida, demostrando capacidades corredoras notorias, debutó triunfalmente a principios de marzo en el clásico Guillermo Kemmis, de punta a punta y por varios cuerpos, dejando en el tercer lugar a El Huracán, favorito de la prueba y ganador del mencionado clásico Iniciación. A mediados de abril se celebraría el clásico Santiago Luro (1200m), donde el hijo de Claro nuevamente mostró supremacía de punta a punta, reelegando al segundo puesto a New Deal (Nigromante). Este caballo llegó a descontarle terreno hasta quedar a un cuerpo de ventaja en el final, pero sin ninguna clase de susto.

Carapálida volvió a vencer a New Deal en el clásico Old Man, a fines de mayo y por aquellos años sobre 1200m, clavando el sensacional tiempo de 1'09''. El próximo compromiso sería el clásico Chevalier, el cual se adjudicó en tiempo récord para los 1400m, dejando segundo a Poderoso (Petrarca). Llegaron ofertas del extranjero ante semejante actuación, pero el equipo de Martínez de Hoz las denegó. Estaban frente al sueño de todo criador: tener un animal que podía ser el crack del año, y no iban a rehusar la posibilidad de vivir ese acontecimiento en carne propia.

Sobre pista pesada, en el clásico Montevideo venció otra vez su escolta de la carrera anterior, Poderoso, haciéndolo con amplia facilidad.

La Polla de Potrillos sería el próximo desafío y una lógica búsqueda de consagración. Un zaino negro, Danielito II (Selim Hassam), brillante ganador del clásico Miguel Cané, sería el nuevo rival a superar y los allegados de éste estaban confiados en que sería el destructor del invicto de Carapálida. Fue así que ese caballo salió furiosamente en la delantera, pero Carapálida acudió a vigilarlo de cerca desde una segunda colocación. Al ingresar en la recta final, Carapálida venía con aspecto sobrador, y acercándose al palo de los últimos cuatrocientos metros finales, el hijo de Claro remató con facilidad a su mentado rival, distanciándose por tres cuerpos y medio en la meta. Danielito II mantuvo el segundo lugar, y Poderoso, escolta del ganador en las dos últimas grandes carreras de dos años, llegó tercero. El tiempo registrado para la milla fue el mejor nunca antes conseguido para la historia de la Polla de Potrillos; recién el cuádruplecoronado Forli, tal vez el mejor millero argentino del sXX, lo superaría en la Polla de 1966.

En el Jockey Club, tradicionalmente corrido en Palermo por aquellos años, nadie fue a discutirle la delantera a Carapálida, y de ese modo logró por varios cuerpos demoler a sus rivales en una carrera realmente consagratoria.

Por desgracia, una fisura en la caña del miembro pelviano derecho, quince días antes del Gran Premio Nacional, obligaron a sus allegados a desistir de éste. Puesto en cura, reapareció un par de meses después, a principios de junio del año siguiente, 1958. Sucedió en el clásico Benito Villanueva, sobre la milla que por aquel entonces se celebraba en San Isidro. De punta a punta y de "orejitas paradas", Carapálida le ganó en gran tiempo a la campeona de la Polla de Potrancas del año anterior, Catando. Desafortunadamente, la fisura se le reabrió durante la carrera y obligó a esperar otro par de meses más para su recuperación. Culpa del distanciamiento entre su jockey, Pedro Artigas, y su célebre entrenador Juan Lapistoy, para 1959 el jinete Cayetano Sauro pasó a montar los caballos a éste. Artigas competiría entonces en su contra, y en el clásico México, sobre 1600m en Palermo, se apilaría sobre un caballo llamado Effendi, entrenado por Julio Penna y que se hallaba en plena alza.

Como de costumbre, Carapálida salió a la delantera, pero la astucia de Artigas hizo poner a las patas de éste a su conducido, "chupandolo" y gritándole a Sauro "hacé correr, hacé correr, si es el crack!!!". Un ritmo excesivo melló las fuerzas de Carapálida en su reaparición, y la carrera se resolvió a favor de Effendi, dejando segundo al defensor de Malal Hué.

Pero hubo revancha y se hizo justicia. Ocurrió en el clásico General Belgrano, sobre los 2400m del hipódromo de San Isidro, donde el hijo de Claro e India se hizo de la punta como era su hábito, y amplió en la recta cada vez más ventajas, para ganar la carrera de forma brillante.

Días antes del Gran Premio 25 de Mayo -por primera vez se lo denominó así, pues anteriormente se lo llamaba Gran Premio San Isidro- rodó Cayetano Sauro, por lo que no podría dirigir al defensor de las sedas del stud Malal Hué en la gran carrera. Oscar Nardi fue entonces el jinete encargado de reemplazarlo. El caballo corrió en la delantera como era su hábito, pero en la recta ya no se lo notaba con todas sus fuerzas, lo que marcaría el resurgir de la lesión. Carapálida, sin embargo, luchó con todo su coraje por retener la punta que, finalmente, tomó La Rubia por sólo medio pescuezo en la meta. Tercera fue otra yegua, Pennsilvannia.

Sin nada más que demostrar en las pistas, con cinco años de edad Carapálida fue retirado de las competencias para dedicarse a la reproducción. Se trataba de un caballo complicado de cruzar, según nos relata J.M.M.de Hoz, ya que el desvío de su rodilla derecha y cierta angostura de sus vasos se evidenciaban en su desendencia ante una cruza inadecuada. Carapálida, no obstante, con criadores de la talla del haras Malal Hue, de alta profesionalidad y experiencia de décadas en las más altas esferas del turf local, resultó un padrillo excelente.

Tuvo hijos muy destacados: Keats (mejor caballo de 1975), Himera (campeona '66-'67) y además Unicornius (buen potrillo en 1972), Gabin (mejor millero de 1968), Tojours, Idílica (mejor dosañera de 1964, de donde salió invicta), Kaiserín (segunda mejor potranca de 1967), Chesterton (buen millero en 1977-'78), sumados a numerosos caballos ganadores de especiales y hándicaps. Durante ocho años, desde 1964 hasta 1972, estuvo entre los diez primeros mejores padrillos de la Argentina de la estadística; en el '72 y el '67 fue tercero en la estadística nacional.

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