La Escuela de Jockeys de San Isidro fue tapa del diario Tiempo Argentino (27/01/14)

La tapa del diario, adelantando la nota
La Escuela de Jockeys Aprendices del Jockey Club fue honrada con una bella y extensa nota realizada por el diario Tiempo Argentino, uno de los periódicos de mayor importancia en el país, y publicada en su tapa. Ello motivó a que al día siguiente, el famoso conductor radial Rolando Hanglin le hiciera una entrevista a Héctor Libré, a propósito de la misma. Reproducimos la nota de Tiempo Argentino a continuación:

"27.01.2014 | Se inauguró en 1940 y allí estudiaron en forma gratuita muchos de los jinetes más famosos del país


Una escuela en San Isidro donde se forman los futuros jockeys del turf

Por: Sergio Di Nucci

 El director Héctor Libré dialogó con Tiempo Argentino sobre los sacrificios que deben hacer sus estudiantes para transformarse en los futuros campeones y la necesidad de adaptar los requisitos de peso a los nuevos tiempos

 La pasión por el turf, o por el caballo y punto, no se extingue en los corazones de mucha gente, aun en tiempos en que el deporte equino ya no es tan famoso como lo era en los años '40, cuando competía en popularidad con el fútbol. "El mundo del turf, y el de esta escuela en especial, es una gran familia. Por ponerte un ejemplo, los jockey consagrados ayudan mucho a los chicos que están aprendiendo, por ejemplo poniendo dinero para que todos tengan obra social, por eso me parece una injusticia que el mundo del turf a veces se lo juzgue con injusticia." 

El que habla es Héctor Libré, actual director de la Escuela de Jockeys Aprendices del Jockey Club Argentino, que funciona en el Hipódromo de San Isidro, y cuya trayectoria y calidad la vuelven una de las mejores a nivel mundial. 

La escuela se inauguró en el año 1940, junto a la de entrenadores, y de allí egresaron los mejores jockey y jocketas del país. Interrumpida sólo por un período de cinco años, hoy continúa entrenando jóvenes que sueñan con correr. Hector recibió a Tiempo Argentino en el salón de la escuela sobre la Avenida Márquez, junto a las dos grandes pistas de entrenamiento, y en un alto de la segunda clase de este año brindada a una veintena de aspirantes a jockey. 

El curso es gratuito, dura dos años, cinco días a la semana: dos de ellos dedicados al entrenamiento físico, y que está a cargo de Diego Dávide, dos clases teórico-prácticas (a cargo de Héctor y de Víctor Sabín, otro ex jockey), y una clase más donde se les enseña nociones de inglés. Héctor cuenta que, como los chicos que vienen a estudiar provienen de pueblos muy alejados "y no cuentan con una pensión, se pone en contacto con los studs, donde varean los caballos y se ganan unos mangos". 

 La gestión de Héctor nace luego de que en 1999 la escuela de San Isidro cerrara sus puertas. Desde la reapertura en julio de 2004, los ex-jockeys Libré y Sabin quedaron a la cabeza. "La idea original era incluir un profesor de equitación y un caballo de andar –continúa Libré– pero fue desestimada, así que nos enfocamos en el entrenamiento físico. Pusimos énfasis en la postura del jinete, que hoy en día es marca registrada de la escuela. Un estilo de montar 'a la americana', que se centra en la aerodinamia y se adapta mejor que ninguna a las pistas modernas. Pero es la más exigente físicamente."

JOCKEY Y JOCKETAS. Los alumnos escuchan a Héctor, y este quiere que Tiempo haga una entrevista pública, delante de los alumnos. Su estilo para hablarles es ameno, repleto de anécdotas y de oraciones rotundas. "Yo suelo utilizar una frase turfística muy usada: 'el mejor jockey es el que menos se equivoca'. Y esto se los repito siempre, porque todo jockey se equivoca. No hay que olvidar que se trata de carreras de caballos. Igual que las carreras de autos: son los pilotos, y los jinetes, quienes definen las carreras." 

Los chicos escuchan al maestro con timidez, alguno se anima a hablar en público y contar sobre las rispideces de dejar el pueblo y llegar a Buenos Aires. "Yo me acostumbré recién al cuarto o quinto mes, pero extrañar se extraña", dice Leonardo Chaparro, un chico de 18 años, que llegó de Marcos Paz. Los demás coinciden con el período de tiempo para adaptarse. 

Héctor continúa enseñando: "Yo quiero que cada uno de ellos quiera ser el mejor del mundo: sólo así lo serán algún día." Si tiene que elegir a un jockey actual, Héctor dice que elegiría a "Pablo Gustavo Falero, porque es jockey hasta cuando va al baño. Mira carreras, piensa todo el tiempo en eso, y me hace preguntas, lo que me obliga a estar atento, para responder con precisión. Al jockey hay que mirarle las manos. Porque por lo general, por el trabajo de entrenamiento, tienen manos gruesas, pero las manos de los buenos jockey son como de seda."
Si bien existen en la actualidad otras escuelas de jockey –en La Plata, en Tucumán, en Río Cuarto, en San Luis–, la de San Isidro es la más prestigiosa. Tal como cuenta otra alumna, Luján Ascóniga, 20 años, nacida en La Plata: "Estudié dos años y medio en La Plata, pero se sabe que esta es la mejor del país, además por la salida laborar en este hipódromo." 

CUESTIÓN DE PESO. Héctor está luchando para que se produzca un cambio en el turf: modificar la medida de pesos para los jinetes. "Porque está produciendo estragos en los chicos. El límite de peso es de 50 kg, pero el pibe no se sube al caballo desnudo, a eso hay que sumarle un kilo de equipo y un kilo de la ropa. A medida que el chico crece, va ganando peso, y eso genera un montón de trastornos de alimentación. Muchos chicos caen en bulimia o anorexia, o toman pastillas para no comer. Hay que ver los dramas que ocurren con esta situación, dramas personales y familiares, porque las familias acompañan el sufrimiento de los chicos, comiendo todos porciones ínfimas de comida para no tentar al chico, etcétera. Lo extraño es que en la Argentina la medida de pesos no se ha modificado, pero sí se ha modificado en varios países, por ejemplo en Irlanda. Y fijate que la tabla fue creada hace 150 años, cuando la gente era más pequeña que hoy, y si no vean en los museos las camas donde dormían los reyes." 

DE SEXOS Y SEXO. El mundo del turf es un mundo machista, admite Héctor y hacen que sí con la cabeza las tres jóvenes alumnas que escuchan su clase. ¿Por qué? "Porque si yo o una de mis compañeras me caigo del caballo, enseguida me convierto en una estúpida", dice Florencia Peñalva. Héctor agrega: "Pensá que acá son todos hombres y sólo hay seis o siete chicas, por eso les digo a ellas que están locas de querer venir acá." 

Las incomprensiones de los sexos se replican en los animales. ¿Es mejor correr con un caballo, o con una hembra? "Yo prefiero los caballos, y eso que corrí con excelentes yeguas, pero hay algo en las yeguas…", y ahí Florencia, la alumna que sufre el desprecio de los hombres, interrumpe al maestro: "Las yeguas son más taradas." Explosión de risas, y nueva frase de Héctor: "Algo de eso hay, pero sucede que en algún momento de la carrera la yegua hace algo que no estaba previsto y además está el tema de la ovulación, ahí sí es mucho más azarosa su conducta." «

Quisiera ser jockey

Los requisitos para ingresar a la Escuela de San Isidro son:
Edad: Tener entre 15 y 19 años.
Varear: Ejercitar a los caballos del hipódromo de San Isidro.
Instrucción: Tener hasta noveno grado del Polimodal o primario completo.
Exámenes: Aprobar un examen de admisión y otro de salud de apto deportivo.
Peso y altura:  Uno de los requisitos más exigentes. Varía según la edad:
• 19 años, hasta 50kg y 1,60m
• 18 años, hasta 48kg y 1,58m
• 17 años, hasta 47kg y 1,57m
• 16 años, hasta 46kg y 1,56m
• 15 años, hasta 45kg y 1,55m

Un sistema innovador

Desde su reapertura en 2004, en la escuela se graduaron famosos jinetes como Anselmo Zacarías, Juan Cruz Villagra, Francisco Corrales, Pablo Carrizo, Wilson Moreyra, entre otros. Los números impresionan, porque cerca del 50% de los egresados lograron convertirse en jockeys profesionales. 

Héctor Libré inició un plan de egresos personalizados, en vez del antiguo egreso en camadas estilo fábrica. “Creo que se logró una notable reducción de los tiempos requeridos por los alumnos para graduarse de jockey profesional, porque acá se realiza un seguimiento diario de cada egresado, de lunes a lunes”, dice Libré. Una nutricionista y una psicóloga, complementan el cuadro de contención y enseñanza en esta nueva etapa. 

Miguel Almanza desarrolló el blog de la escuela, que ofrece estadísticas diarias y recopila notas de interés. Ademas, allí se ofrece un diccionario turfístico inglés-español, y evoca crónicas e investigaciones sobre el proyecto de actualizar la escala de pesos, junto a la propuesta de una nueva reglamentación sobre el uso del látigo o fusta. 

El director que tuvo que aprender a enseñar

Héctor Libré colgó la fusta en 1993. Sin demora, a partir de ese momento, se puso a entrenar caballos Sangre Pura de Carrera (SPC). "Nunca imaginé ser profesor. Jorge Iglesias fue uno de los que más impulsó me dio. Gracias a él, la escuela hoy existe", señala. 

"Recuerdo que el primer día de clases, allá por 2004, me encontré con un curso con 20 alumnos, y me puse como desafío educar de la misma forma que lo hice con mis tres hijos. Si con ellos lo pude hacer, por qué no iba a lograrlo enseñando algo que me apasiona." 

Argentino, gran jockey, casado y con tres hijos, Héctor tiene un stud que se llama Mis Galguitos: "Se lo puse por mis hijos, porque estoy lleno de galguitos." A la pregunta de por qué hace esto de enseñar con pasión, sin descanso, Héctor no vacila: "Porque si bien me ayudaron mucho en la vida, nadie me enseñó de este modo, personalmente, y yo quería eso.”  

Como amante del turf, Héctor tiene una relación ambivalente con la prensa: "El mundo del turf está mal considerado, el periodismo habla muchas veces mal de este mundo, al que lo ligan con el dopaje. Pero antes de sacar la noticia, el periodismo debería informarse mejor, porque la noticia vende, pero a costa de mucha gente que queda lastimada por esa noticia."

El sueño de recorrer el mundo 

Antonhy Ortellado, de 18 años, nació en Asunción del Paraguay y llegó a Buenos Aires para ser jockey, pero extraña mucho a su familia. "Cuesta mucho los primeros meses, es como que estás muy lejos de tus seres queridos. Y eso no ayuda. Pero el trato con los compañeros, el hecho de vernos casi todos los días hace que te sientas acompañado. Además, a veces nos juntamos el fin de semana, cuando no venimos a la escuela." 

Cuando Tiempo Argentino les pregunta acerca de la ingesta de alcohol, Anthony responde rápido: "Ni locos, Héctor nos mata. Además, no es bueno para el ejercicio, y nuestras familias hacen mucho sacrificio como para que andemos tomando cerveza y llegar cansados al entrenamiento." Su idea es correr en Argentina, pero no descarta hacerlo en los principales hipódromos del mundo.

Disfrutar durante el aprendizaje

Diego Acuña es el joven que está arriba del caballo de madera en la fotografía principal. Allí, en ese equino que tiene una cabeza móvil, justamente para practicar el cambio de mano de la fusta, es donde los estudiantes realizan las primeras prácticas para ser jockey. 
Diego asegura que lo que valora de la escuela "es el trato con los profesores, el apoyo profesional y personal. Se nos exige perseverancia, responsabilidad, y el respeto a los otros", como él y sus compañeros pusieron de manifiesto cuando llegó Tiempo Agentino a la clase y todos se pararon para saludar y dar un apretón de manos. 
"Sé que las fustas tendrán nuevas medidas y un manual de uso, para que el caballo no reciba más golpes de los necesarios. Comparto la medida", señala acerca de la nueva reglamentacion que se impondrá en el mundo del turf. 

Cabalgar contra el machismo

Se llama Fiama Gonella, tiene 21 años y es de Córdoba, de Las Barras. Su padre fue cuidador, "por eso frecuenté desde chica este ambiente, y desde siempre amé a los caballos", dice esta joven que está cursando la Escuela de Jockeys como oyente. 
"Como dice Héctor, acá hay como 6000 hombres y seremos unas seis mujeres, por eso sentimos cierto machismo, pero no nos importa, porque nosotras hacemos bien las cosas. En el grupo nos llevamos bien, claro que hay más afinidades con unos que con otros. Pero yo valoro mucho este curso, porque no sólo se trata de una enseñanza, sino de un norte que tenés en la vida."  
Quienes la conocen en la pista coinciden en señalar que la cordobesa hace recordar a Marina Lezcano, la gran jocketa argentina inmortalizada por el tango "Muñecas de oro".  

Pasión por los caballos

Florencia Peñalva, 21 años, nació en el barrio porteño de Villa Pueyrredón y llegó a la escuela luego de un largo periplo: "No es que me inscribí en la escuela por tener algún pariente que trabajó en el turf. De chica me gustaban los caballos y me anoté en un curso de equitación, pero en un punto me harté de hacerle dar saltitos a los caballos, y me metí de jocketa", cuenta Florencia, que estuvo un mes en coma hace un año por una caída, pero no bastó para abandonar su pasión. "El caballo se me vino para atrás y mi cabeza pegó contra el piso. Yo no sentí nada porque me había desmayado, me hicieron operaciones y una traqueotomía." Hay famosas jocketas, por ejemplo la mujer de Fred Astaire. "Pero ahí tenés un hombre que acompaña su fama. Yo creo que el sexo en la carrera no importa, importa la dedicación", concluye con valentía Florencia.

La cifra

50 kg es el peso máximo para competir en turf. Eso lleva a muchos jockeys a tener enfermedades vinculadas a la alimentación. "

 

© Escuela de Jockeys Aprendices del Jockey Club Argentino Hipódromo de San Isidro .